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La desigualdad bajo techo

La desigualdad bajo techo - Fernando Muñoz

Por Fernando Muñoz* para El País Digital (10/01/2021)

Este libro –La desigualdad bajo techo- intenta recuperar muchas memorias. Las más recientes, con un libre mercado protagonista de todos los negocios y todos los aumentos; y un Estado ausente y distraído, o cómplice y promotor de desarrollos privados. Y las otras, las que podían iniciarse a las puertas del Hotel de Inmigrantes, en Villa Desocupación, o en celdas sociales mal llamadas “hoteles familiares”.

Una de las herramientas más efectivas de control y división social ha sido la pérdida de la memoria popular.

La última dictadura cívico-militar agitó, destacó públicamente que el Peronismo era la causa de todos los pesares. Y en paralelo trabajó sobre el olvido y el silencio secuestrando y matando opositores y exiliando a gran parte de la militancia popular. Pero fue la propia dirigencia de la “nueva democracia”, radical y peronista, la que terminó de lapidar la mejor historia de la vivienda contemporánea.

Este libro –La desigualdad bajo techo- intenta recuperar muchas memorias. Las más recientes, con un libre mercado protagonista de todos los negocios y todos los aumentos; y un Estado ausente y distraído, o cómplice y promotor de desarrollos privados. Y las otras, las que podían iniciarse a las puertas del Hotel de Inmigrantes, en Villa Desocupación, o en celdas sociales mal llamadas “hoteles familiares”.

Recordar que el gobierno yrigoyenista reglamentó la primera ley de congelamiento de los alquileres. Y que Videla y Martínez de Hoz terminaron con más de tres décadas de protección de la vivienda alquilada.

Pero también rememorar que en 2006 ya se denunciaban los aumentos del 50 al 100% en las renovaciones de contratos. Y los dos mil desalojos anuales en la ciudad, las estaciones de servicio que desaparecieron para construir torres, o la libertad que tuvo el mercado para adecuar vivienda familiar a oferta turística, dejando a miles de inquilinos con la única opción de emigrar.

La desigualdad tiene más de cien años, pero sorprende que cuando un gobierno popular decidió crear condiciones para un acceso justo a la vivienda, se convirtió en un hecho maldito hasta para sus propios herederos políticos.

El primer Peronismo invirtió la pirámide de acceso a la vivienda bruscamente, en muy pocos años. Congelamiento de los alquileres, suspensión de los desalojos, reforma de la carta orgánica del Banco Hipotecario, créditos sin ahorro previo (al 100% del valor del inmueble) y cuotas subsidiadas.

Congelar alquileres, suspender desalojos, prorrogar contratos, es un idioma prohibido en la Argentina pos dictadura, y solo una pandemia mundial, una crisis inédita global levantó las restricciones para que el Estado decretara la protección de la vivienda, con términos que habían sido desterrados durante décadas.

Para una academia que en general se preocupa más por saber quiénes son los inquilinos, cuántos alquilan una pieza en una villa miseria, o cómo se vive en los hoteles familiares, “La desigualdad” indaga en la resistencia a conocer quiénes son los locadores, la oposición del mercado a cualquier registro de contratos, la desarticulación de la histórica Cámara de Alquileres, las instituciones patronales, las organizaciones inquilinas.

Esta investigación la realicé mientras miles de inquilinas e inquilinos fueron construyendo un perfil de la demanda, la consulta, la denuncia y el reclamo al Programa de Atención a Inquilinos que dirijo desde su formación, en 2016, en la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires.

* Sobre el autor: Fernando Muñoz es coordinador del Programa de Atención a Inquilinos, Defensoría del Pueblo de CABA.

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